domingo, 25 de junio de 2017

Jarabe de tiempo

No contento con ser rubio y de ojos azules, naciste en año bisiesto porque querías ser más que nadie. De haber ocurrido unas décadas antes habrías salido en la portada de la Interviú de la familia de Hitler. Pero no, tú eras más de prensa rosa barata, de dimes y diretes. Casi como si tuvieras una mascota, sacabas tu lengua a pasear al menos tres veces al día, normalmente para reírte de la desgracia ajena, pronunciando discursos tan vacíos que ni Google Translator se molestaría en analizar.

Pero a pesar de todo causabas sensación. Bastaba mover un dedo y ya tenías a la Reina de Inglaterra en bragas. Conseguías nublar hasta la mente del más estudiado con esa sonrisa a dieta de blanqueador y esa manera de peinarte el flequillo con la mano. Y lo peor es que lo sabías. Eras totalmente consciente del fenómeno fan que causabas y lo utilizabas continuamente a tu conveniencia para pedir, criticar, denostar, exigir, silenciar, coaccionar. Por no mencionar tu especial manía por copiar el historial de ligues de los demás.

Por lo visto te falló un paréntesis en la ecuación y te olvidaste de que quien pone el punto final a la frase es el tiempo. Sin haberte dado cuenta ya habías abierto una hipoteca con él apenas saliste del vientre de tu madre, con fecha de caducidad irrevocable. Por desgracia para ti no supiste leer en las sombras que tu peor enemigo te perseguiría hasta agotar tu aliento y que te la tendría siempre guardada. Que poco a poco conseguiría ir derrocando tu imperio con manchas en piel, arrugas en la cara, caries en los dientes, canas en el pelo, joroba en la espalda. Y que tú tratarías en vano de explotar desesperado todas y cada una de aquellas pequeñas espinillas en tu autoestima de hierro, acabando sin remedio más apolillado que la madera.

Y de repente allí ibas a estar, plantado frente al espejo tratando de comprender aquel reflejo mezquino, aquella maldad visual que superaba a la de tus entrañas, aquella bilis gráfica más pestilente que la de todas tus palabras juntas. Quizá ya sería tarde para replantearse las cosas, ¿no? Seguro que de haberlo visto venir habrías preferido nacer sietemesino, bajo y con hipertiroidismo. Al menos habrías llegado a la meta con un camino de autodefensa o brazos amigos a los que poder acudir.


jueves, 22 de junio de 2017

De días perdidos y pensamientos encontrados

Llegó junio y me pidió respuestas, pero me quedé afónico. Me tomé otra pastilla de verano para calmar la garganta, tirado en la arena caliente al atardecer. Me alivió comprobar que aún quedaban suficientes comprimidos en la caja como para permitirme cerrar los ojos un día más y dejar la mente en blanco, disfrutando del sonido de las olas.

Rubén abrió la botella de sangría como siempre inventándose sus típicos brindis por Europa o por la vida y Paula me contó de su próximo viaje a Vietnam, de sus trescientas vacunas anti todo y de los gusanos fritos que se iba a comer a lo Frank de la Jungla. Sonaba a lo lejos la música brasileña de Dani, que nos acompañó hasta que el sol decidió bajar el telón.

Algunos de los chicos se iban de la ciudad en los próximos días y mi inconfundible amigo Jhon me pidió que no me olvidase de pensar en el futuro, porque pronto llegaría la brisa de septiembre y me cogería con lo puesto si no me espabilaba. 

Así que cuando dimos por concluida aquella reunión de soñadores por el mundo, me fui a casa a morderme las uñas mientras escuchaba los audios de Carla poniéndome al día desde Suíza y las desventuras de mi Nuri por Irlanda.  Y al tiempo que mi esfera social daba la vuelta al mundo, mis pies jugaron a refrescarse junto al ventilador, a la espera de julio.

lunes, 29 de mayo de 2017

Anhelos

Quiero.

Quiero mirarte.
Quiero desearte, tocarte, abrazarte.
Quiero besarte, explorarte, atraparte.

Quiero tenerte, cuidarte, arroparte.
Quiero reiñirte, enfadarte, conservarte.
Quiero necesitarte y que me necesites, enamorarte.

Quiero llamarte, llorarte, suplicarte.
Quiero perderte y recuperarte o tal vez ya olvidarte.

Quiero sentirte, quiero sentirnos y quiero sentirme. 
Quiero.

Indicios caducos del triunfo de la humanidad

Nada como el dolor de piernas después de una noche entera bailando. Nada como las agujetas en la barriga de tanto reír, el escozor en los labios de la sal de las pipas, la marca del sol de verano en la piel.

Nada como los escalofríos que siguen a un beso en el cuello, la resaca tras la cerveza, el olor a perro mojado en las manos los domingos de mascota y lluvia.

Nada como el dolor de muñecas en las tardes de fútbolín, las marcas de tinta en la mano tras clavar un examen o el pitido de oídos al despegar para viajar lejos.

Nada como acumular en el cuerpo la suma de esas reminiscencias de placer, de esos dolores indoloros que trazan una felicidad efímera que todos desearíamos congelar.

jueves, 25 de mayo de 2017

Lo pasado y lo pisado

El reloj del baño marca las nostalgia en punto. Una ducha de recuerdos y un zumo de caras conocidas me devuelven a Milán. 

Parece que nada ha cambiado, que Álvaro sigue igual de golfo, Almu igual de hiperactiva y Carla igual de celíaca. Pero en verdad me encuentro al uno con novia, a la otra con hijo y a la tercera igual de intolerante al glúten pero mucho más tolerante a la vida. Milán ha madurado porque los sitios también evolucionan con su gente. Los sitios también acumulan historias en sus retinas y de vez en cuando son tantas que les escuecen los ojos y no tienen más remedio que lloverlas, para limpiar el aire. Porque no somos los únicos que lloramos, purgamos y olvidamos.

A las nostalgia en punto he vuelto a encontrarme con el pasado en los muros en donde lo dejé plasmado y esta vez he conseguido sostenerle la mirada con ojos de presente. Me he perdido por las calles por el placer de volver a encontrarme. He visitado fantasmas del pasado y les he quitado la sábana para que ya nunca más me atormenten.

Y sobre todo he disfrutado. He disfrutado del contraste, por fuerte que resulte. He disfrutado de que la lluvia vaya limpiando nuestras vidas, nuestro paso por las calles, porque es el proceso natural. Aunque tengo que ser sincero y reconocer que me ha aliviado ver que aún quedan restos de mis pisadas y que Milán aún no me ha borrado del todo. Porque yo todavía no he borrado Milán.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Solo la música

La música es orden para los invidentes, los no creyentes y los no querientes, aquellos que dan palos de ciego en el amor.

La música viste sus cuerpos desnudos, abraza sus frías costillas y les calienta las orejas como sopa en la garganta.

La música les regala el oído como ningún ser humano hace, con más efecto que una infantería de piropos italianos.

La música es esa medicina alternativa que actúa como cicatrizante de las heridas más profundas, cuando estas están a flor de piel y escuecen.

La música aplana las montañas, clarea el bosque, remienda los descosidos, tapa las fugas.

La música invita a toser todos los males y a respirar de nuevo.

La música consigue tratar a cada individuo como es, adaptarse a este como nunca haría otra persona, dejándole escoger hora, lugar, estilo, volumen, ritmo, duración; dándole la posibilidad de repetir todas las veces que sea necesario o de desaparecer para siempre y no volver a cruzarse en su vida. Sería la pareja perfecta en el siglo del egoísmo.

La música es un sastre insistente en tomarnos la medida que nos ofrece construir nuestro propio tema, que nos invita disfrutar hasta la última nota de nuestra canción. Al fin y al cabo, cada cual es dueño de su melodía y debería bailar como quisiera sobre su propio pentagrama.
La música no cuenta con unas reglas predefinidas. Solo conviene tener buen oído para saber escuchar lo que nos ofrece la vida.

En fin, la música.

domingo, 7 de mayo de 2017

Reencuentros en la sombra

Dicen que valientes y cobardes comparten insomnio. El valiente porque no consigue aparcar la marabunta de ideas que lo invitan a mejorar cada cosa de este mundo, a buscar un por qué, a luchar por lo que quiere sin conformarse con lo que le rodea. El cobarde porque, en cambio, no tiene ninguna pretensión de buscar alternativas, ya que básicamente es incapaz de hacerlo, no tiene el cromosoma determinación y ello le genera ansiedad.

Valiente y Cobarde comparten vela y se miran desafiantes mientras esta se consume lentamente en el tiempo entre ellos. Cobarde desearía poder ser Valiente por tan solo un minuto para soltar al viento toda esa retahíla de despropósitos que le oprimen el pecho cada noche cuando se mete entre las sábanas. Valiente, sin embargo, le robaría su parsimonia aunque fuera un cuarto de hora para vaciar su mente y abandonar esa crítica suicida contra la sociedad de este mundo.

Pero en el fondo a Valiente le gusta ser Valiente y tener sus conflictos diarios y sufrir por sacarlos adelante y disfrutar después del éxito personal con la lengua fuera, porque para él el sudor vale más que el dinero y es lo que lo mantiene con vida. Y por supuesto a Cobarde le encanta sentirse protegido en su burbuja estandarizada, en el más vale olor a rancio conocido que colonia por conocer. Será que, a pesar de todo, el conformismo lo acerca más a la realidad, es más palpable y ayuda a no pegarse la hostia, mientras que el resto son sueños intangibles, son saltos en paracaídas a veces con caída acertada, sí, pero otras con la tela rasgada y final desafortunado.

Si vale la pena el riesgo o no, eso nunca podremos medirlo con objetividad. Valiente siempre será valiente y Cobarde siempre será cobarde. El primero te insistirá en que sí y el segundo hará un gesto negativo con las manos. Quizá por ello se envidien y se admiren al mismo tiempo. Y pasarán años, décadas o siglos, que nunca conseguirán entenderse ni saber si están mejor solos o acompañados. 

Seguramente ambos sufren la incomprensión del otro, cada uno a su manera, pero lo que está claro es que Valiente la detecta mucho antes y la siente más suya, más intensa; se la lleva a su terreno y la analiza por todos lados a la luz de la vela tratando de hacerse una composición mental del prisma. Para cuando Cobarde se dé cuenta seguramente ya se habrá consumido la cera, lo que no quiere decir que le preocupe menos, pero es que el pobre siempre ha suspendido en Geometría y no es hábil resolviendo complicaciones. Cuando esté preparado para recuperar la materia, Valiente ya se habrá dormido de la extenuación, habiendo agotado toda la casuística del problema y clasificado el examen en un archivo de su cabeza. De hecho, conociéndolo, ya se habrá dormido poniéndole nombre a  la carpeta que archivará el siguiente dilema.

Sea como fuere,  al menos Valiente se dormirá satisfecho en su agotamiento y conciliará el sueño con una sonrisa en los labios tras haber intentado lo imposible, mientras que Cobarde seguirá con los ojos abiertos cuando la vela se apague y acumulará durante toda su vida el miedo a lo que pudo haber sido y no fue, el miedo a tener que batallar sin armas emocionales con las sombras de su pasado.

jueves, 4 de mayo de 2017

Ahí donde no llegan las palabras

En una escala de cero a silencio, tú me importas silencio.

Es en silencio cuando escucho tu voz con más claridad. Cuando te vuelvo a ver y consigo dibujar todos y cada uno de los rasgos de tu cara, como si pasase mis dedos por ellos. Es en silencio cuando se me eriza la piel al recordar tu respiración aún caliente en mi cuello.

Era en silencio cuando conseguíamos entendernos con las miradas. Cuando desnudabas mi pensamiento buscando respuestas y terminabas por ahogar tus porqués en el café. Era en silencio cuando llorabas en la cocina y maldecías al destino sin encontrar un claro culpable.

Fue en el silencio donde entendiste por qué había elegido irme, donde nos dedicamos un frío hasta sabe Dios cuándo. Donde al mirar atrás ya no encontraste manos que agarrar y terminaste escribiendo tu final. Donde recogí los ecos de tus últimos días tratando de entender el puzzle. Fue en el silencio donde te dediqué nuestra última carta.

Será en el silencio donde continuaré buscándote cada vez que me hagas falta. Donde me reencontraré siempre con mis raíces cuando apriete la nostalgia. Donde abandonaré mis frustraciones junto a tus restos para que nunca me pesen como a ti, para mirar siempre al frente y que mi voz siga hablando por los dos. Será en el silencio donde encontraré la fuerza que a veces me roba el mundo del ruido y de la palabra.

En una escala de cero a silencio tú siempre me vas a importar silencio, abuela.

martes, 18 de abril de 2017

Os despertares de abril

Ligaranme ao telemóvel. Ou se calhar foi o alarme a avisar do novo dia. Ou foi o sol a querer entrar pela janela. Ou foi o frio a matar a vontade de ficar lá na cama sozinho. Ou foi a almofada a perguntar-me por quê e até quando...

Talvez foi o calendário a convidar-me  a experimentar a primavera. Ou foi o teu cheiro ainda preso nos meus lençóis. Ou foi a tua voz doce repetendo-se devagarinho na minha cabeça. Ou foi a lembrança da tua respiraçao a bater-me no pescoço. Ou simplesmente foi a vida que gosta de juntar histórias de coraçoes magoados e de nos convidar a pegar de novo a chamada, a disfrutarmos do aqui e do agora, a deixarmos de estar na ronha. Sei lá.


lunes, 3 de abril de 2017

El drama de la reina del baile

Abril se presentó como la tía buena del calendario, la Miss Primavera con olor a flores y sonrisa caliente, disfrazada de comienzos y maquillada de ilusiones. Pero resultó ser bipolar y estar más loca que un febrero sin veintinueve. Bastaron pocos días para descubrir su aliento a romero y su devoción al quizás, para cazarla en mentiras que se alargaban más que los atardeceres. Resultó que la lluvia era su signo del zodiaco y la brisa cortante su arma para el toque de queda.

Abril nos alejó los carnavales pero se le olvidaron los payasos. Nos vendió promesas al kilo junto a las fresas de oferta. Nos cambió bostezo por estornudo y botas por rebequita. Nos mezcló café con cerveza, operación bikini con escuadrón letargo y fantasmas del pasado con escarceos sin futuro. Abril puso patas arriba nuestra vida ya de por sí desordenada y aun así nos encantó con su desencanto, moviéndonos como marionetas por el muelle los domingos a la tarde, pintando escapadas sin escapatoria.


Abril sería elegida seguramente reina del baile por una noche, pero jamás la invitarían a un cumpleaños. Porque, como ocurre con las tartas de chocolate, en su justa medida triunfa pero en cantidades industriales empalaga. Abril era así, demasiado bonita para ser cierto, demasiado forzada para caer bien, demasiado complicada para echarla de menos. Abril era Abril y nadie tenía por qué entenderlo.